En situaciones de
emergencias y desastres, existen poblaciones que resultan más afectadas por su vulnerabilidad,
como los niños, niñas y adolescentes, ya que están en proceso de desarrollo y
dependen mayormente de los adultos para su subsistencia y protección, de ahí
que es probable que sus derechos se vean amenazados y vulnerados en estas
situaciones (UNICEF,
2011, p. 39).
La Convención de los Derechos
del Niño expresa que la población menor de 18 años de edad tiene el derecho a
recibir prioritariamente asistencia en situaciones de emergencia y desastres.
Asimismo, el Código para la Protección y los Derechos Fundamentales de los niños, niñas y
adolescentes establece que el Estado y los organismos que trabajan a favor de la
niñez al momento de situaciones de emergencia deben prestar atención a
cualquier indicio de abuso, ya sea físico, psicológico, sexual u otra forma de
agresión, por parte de los padres, madres o cualquier otra persona responsable
de su cuidado y establecer las medidas preventivas y de tratamiento según sea
el caso. De igual modo, los servicios de salud y los servicios sociales deben participar
en la respuesta frente a una emergencia, tomando en cuenta que los niños
ubicados en albergues deben gozar de los servicios esenciales para su
supervivencia, como también deben fomentar la organización de actividades
recreativas y deportivas y procurar el regreso de los niños a la escuela (Acevedo,
s.f.).
“El resguardo de los
derechos de los niños, niñas y adolescentes en situaciones de emergencia y
desastres debe orientarse a la continuidad de los procesos de desarrollo y sus actividades
en la sociedad a corto, mediano y largo plazo” (UNICEF,
2011, p.39).
Impacto
de las situaciones de emergencia y desastres en los niños, niñas y
adolescentes:
- Edad del niño o la niña.
- Recursos psicológicos con los que cuente.
- Reacción de los adultos más cercanos.
- Restitución de la normalidad.
- Magnitud del evento y los efectos al que se haya visto expuesto/a al niño o niña como a sus cuidadores.
Trabajar
con los adultos que tienen a su cuidado a niños, niñas y adolescentes o están
en contacto con ellos, tanto en las fases previas a las situaciones de
emergencia, durante las mismas, como en etapas posteriores, permite mitigar o
al menos disminuir los efectos de las emergencias en la salud mental y la
calidad de vida de esta población vulnerable (UNICEF,
2011, p. 39).
Los efectos físicos y
psicológicos de una emergencia guardan relación con el nivel de preparación que
tengan las personas para hacerle frente, por lo que conocer lo que se debe o no
hacer va a permitir actuar de manera oportuna para la protección de los riesgos
en la salud física y mental.
Resulta necesario que los
adultos conozcan acerca del tema, desarrollen estrategias de prevención y
afrontamiento ante las distintas circunstancias que puedan acaecer, las cuales
deben ser puestas en práctica por los niños, niñas, adolescentes y adultos.
Todo ello con el fin de potenciar su aprendizaje y aplicación, inclusive en
situaciones de alto estrés emocional, y facilitar la sensación de control ante
dichas situaciones.
En situaciones de emergencia
y desastres, se suele invisibilizar a los niños, niñas y adolescentes, dado que
se tiene la creencia de que ellos no se dan cuenta de lo sucedido, que la mejor
forma de afrontar dichas sucesos es no hablando de ellos y actuar como si no
hubieran ocurrido. Sin embargo, sucede todo lo contrario, pues afecta sus vidas
y necesitan explicaciones, apoyo y contención para poder procesar apropiadamente
lo acaecido.
Es importante entender que
no todos los niños, niñas y adolescentes reaccionan de igual manera, de ahí que
es preciso conocer sus necesidades y emociones particulares, interpretarlas de modo
adecuado en base a su edad, características personales y de la situación vivida
e intervenir oportunamente, sabiendo que es esperado la presencia de reacciones
psicoemocionales y que a medida que se establezca una nueva normalidad, los
síntomas irán disminuyendo.
Algunas
respuestas esperadas de los niños y niñas tras un desastre son:
- Apegarse a los padres o cuidadores
- Ansiedad de separación
- Miedo a los extraños(as)
- Juego compulsivo y repetitivo que representa parte de la experiencia de desastre.
- Regresionamiento a conductas ya aprendidas, tales como poco control de esfínteres, chuparse el dedo.
- Llorar y gritar.
- Retraimiento, no querer estar con otros niños ni ver objetos asociados al desastre.
- Resentimiento, sospecha e irritabilidad.
- Dolores de cabeza, de estómago y dolores imprecisos.
- Problemas en la escuela, dificultades para concentrarse.
- Sentimientos de vergüenza.
Establecer
una comunicación que permita la expresión de preocupaciones, emociones,
vivencias va a ayudar a resolver dudas, conocer cuán afectados están, y por ende
mitigar el impacto que pueda tener estos sucesos en su desarrollo y salud
mental (UNICEF, 2011, p. 41).
Reacciones ante
situaciones de emergencia y desastres:
Del
nacimiento a los 2 años de edad: El MINSA y la UNICEF (2009 ) nos dice que “al
no poder hablar, los niños no pueden describir lo que han vivido y tampoco
expresar sus sentimientos respecto a esto. Pero esto no quiere decir que no
hayan sido impactados emocionalmente, ya que pueden recordar imágenes, sonido u
olores. Cuando crecen estos recuerdos pueden aparecer en determinadas
circunstancias, como por ejemplo, cuando están jugando. En el caso de los
bebés, es posible que se irriten con mayor facilidad, lloren con más frecuencia
y necesiten ser lazados y abrazados más seguido” (p.31).
Preescolar
y jardín de infantes: Los niños pueden sentirse indefensos,
impotentes e incapaces de protegerse a sí mismos; de igual modo, tienden a sentirse
inseguros y expresan miedo a quedarse solos, suelen creer que las consecuencias
pueden revertirse, realizan conductas regresivas, tienen problemas para dormir,
como pesadillas, miedo a dormir y no despertar, hay aumento o disminución del
apetito y miedo a los extraños. El abandono es su mayor temor, por lo que se
sugiere asegurar a los niños que se les cuidará y no se les abandonará (MINSA y
UNICEF, 2009 p. 31).
Edad
escolar: Entienden el efecto de una pérdida tras un
acontecimiento traumático, pueden querer hablar sobre dicho acontecimiento con
frecuencia. Se parecía dificultad para concentrarse, bajo rendimiento escolar, irritabilidad,
agresividad, llanto, deseo de no asistir al colegio, conducta regresiva, se
quejan de malestar físico (MINSA y UNICEF, 2009 p. 32).
Pre
adolescencia: Su entendimiento del desastre es más completo,
manifiestan alteraciones del sueño, del apetito, se muestran rebeldes, se rehúsan
a cumplir con las tareas, se expresan sentimientos de fracaso y enojo,
conductas regresivas y malestar físico (MINSA y UNICEF, 2009 p. 32).
La
adolescencia: Se caracteriza por el temor a perder a sus
familiares, pueden adoptar conductas adictivas, se muestran agobiados, manifiestan
síntomas psicosomáticos, depresión, confusión, dificultad para concentrarse,
alteraciones del apetito o del sueño, agitación o disminución de la energía, se
pueden presentar conductas delictivas (MINSA y UNICEF, 2009 p. 33).
Riesgos
específicos de la infancia en situaciones de emergencia y desastre:
Según la UNICEF (2011, p. 42), en situaciones
de emergencia y desastres, hay un aumento de los factores de riesgo
relacionados a la violencia intrafamiliar, maltrato infantil, abuso sexual, trata
de personas y explotación sexual comercial, lo que demuestra una alta probabilidad
de vulneración de sus derechos, por lo que es un imperativo velar por la
protección de los niños y niñas y porque sus derechos se vean visibilizados,
priorizados y respetados.
Violencia
intrafamiliar: Los factores de riesgo para
su ocurrencia están presentes en las poblaciones más afectadas, sobre todo en aquellas
que perdieron sus viviendas, fuentes de trabajo y que fueron desplazadas o refugiadas en asentamientos
de emergencia. Entre los factores de riesgo cabe mencionar: el aumento de problemas
de salud mental, el consumo de sustancias psicoactivas, la cesantía, el hacinamiento
y el empobrecimiento. Las intervenciones que se ejecuten para hacerle frente se
basan en un profundo conocimiento del tema, enfatizando como objetivo
primordial detener el abuso y proteger a las víctimas
Maltrato
infantil: La UNICEF
define como víctima de maltrato a aquellos niños, niñas y adolescentes de hasta
18 años edad que “sufren ocasional o habitualmente actos de violencia física,
sexual o emocional, sea en el grupo familiar o en las instituciones sociales”. Para llevara a cabo estrategias de
prevención, detección e intervención es necesario conocer la sintomatología que
pueden presentar los niños, niñas y adolescentes.
Abuso
sexual infantil: Es una de las formas en que el maltrato se
evidencia en esta población, caracterizándose por una relación de abuso de
poder. Hay dos criterios a considerar: Coerción, utilización del poder para
interactuar sexualmente con el menor y asimetría de edad, el agresor es significativamente
mayor que la víctima, no exclusivamente en edad.
Cabrera (2013)
manifiesta que “estudios realizados dan cuenta que las adolescentes mujeres son
el segmento menos visible entre los grupos más vulnerables, ante desastres. Así,
se presentan mayores tasas de embarazo en campos de desplazados y aumenta la
incidencia de casos de violencia sexual contra adolescentes y mujeres. Mujeres
y niños y niñas son catorce veces más propensos de morir en situaciones de
desastre que los hombres”.
Referencias
Bibliográficas:
Acevedo, L.
(s.f.). Derechos de la niñez en situación de emergencia. Recuperado de: http://www.unicef.org/republicadominicana/politics_10335.htm
Cabrera, L.
(2013). En doble riesgo: los adolescentes y los desastres. Recuperado de: http://eltiempo.pe/2013/10/11/en-doble-riesgo-las-adolescentes-y-los-desastres/
UNICEF.
(2011). Para reconstruir la vida de los niños y niñas: Guía para apoyar intervenciones
psicosociales en Emergencias y Desastres. Recuperado de: http://www.unicef.org/peru/spanish/GuiaparaapoyarintervencionespsicosocialesenEmergenciasyDesastres.pdf
UNICEF y
MINSA. (2009). Guía para la intervención integral de salud mental para prestadores
de servicios de salud en situaciones de emergencias y desastres. Recuperado de:
http://bvs.minsa.gob.pe/local/PROMOCION/776_PROM35.pdf









